III

Nubes
naranjas y brillantes
bajo un cielo
cada vez más claro
se acompañan de otras
con el lomo oscuro
y la panza clara
para iniciar el día
con un lento paseo.

Abajo,
el guardés del palacete
(ochenta y cuatro otoños)
camina despacio
encorvado sobre su cachava,
y se acerca al muro
a degustar unas moras.

Algún coche
pasa ruidoso
y rápido, sin prestar atención,
como si no existiéramos
o fuera él
el que no existe.

1 comentario: