Como senos blancos
los picos
dibujan el horizonte.
El camino serpentea
entre el hielo
y el vaho,
entre el sol y la sombra.
Una anciana
con sonrisa de niña
(toda ella es una bufanda)
va a buscar a su amiga,
a animarse la mañana.
Un sol
bajo y tibio
se cuela en el bosque
y halla un resquicio
entre sus ramas
para llegar al muro húmedo,
que reverdece alegre
a su contacto.