Un gélido
viento,
inhóspito y enfermo,
zarandea los árboles.
El río
apenas cabe en su cauce,
arremolinado y violento
amenaza.
De vez en cuando,
lluvia
dura como granizo
golpea la tierra.
Aúllan
puertas y ventanas,
resoplan los muros
por el esfuerzo.
Hoy nadie
somos nada.