La niebla
se retira despacio
y con prudencia,
casi tímida.
Las aves
se llaman unas a otras
celebrando el nuevo día.
Nada se parece
a la ciudad y su loco ritmo,
todo es
más lógico, todo tiene
más sentido.
Llegan dos pájaros
al patín,
a compartir su agua,
busca el ratón
su madriguera rota
mientras una lagartija
trepa hasta la ventana.
Me voy vistiendo,
el trabajo me espera
con su miseria y su locura,
el perro de Pedro ya
no ladra, está triste
desde su marcha.
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